El cometa interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto confirmado en la historia que proviene de fuera de nuestro sistema solar, acaba de revelar algo que los astrónomos no esperaban: el Sistema Solar, tal como lo conocemos, podría ser una anomalía en la galaxia. El hallazgo, publicado el 23 de abril en la revista Nature Astronomy por un equipo de la Universidad de Michigan, está basado en observaciones realizadas con el radiotelescopio ALMA, en el desierto de Atacama chileno.
La clave está en el agua del cometa. Los científicos detectaron que 3I/ATLAS contiene niveles de agua semipesada, con deuterio en lugar de hidrógeno ordinario, más de 30 veces superiores a cualquier cosa observada antes en cometas o cuerpos del Sistema Solar. Esa concentración de deuterio solo puede generarse en entornos con temperaturas inferiores a 30 Kelvin, es decir, unos -243 grados centígrados, un frío extremo que indica que el cometa se formó en un rincón completamente aislado y gélido de la galaxia, en una región que todavía no había desarrollado su propio sistema solar cuando el objeto se creó.
Con una antigüedad estimada de hasta 11.000 millones de años, 3I/ATLAS tiene más del doble de la edad del Sol, que se formó hace unos 4.600 millones de años. Fue descubierto en julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, financiado por la NASA, y desde entonces la agencia americana y la Agencia Espacial Europea apuntaron hacia él varios de sus instrumentos más potentes, entre ellos el telescopio Hubble y el James Webb, mientras el cometa sobrevolaba Marte en octubre y alcanzaba su punto de máxima proximidad a la Tierra en diciembre.
Lo que el estudio concluye es que nuestro Sol se formó probablemente en un entorno cálido y concurrido, rodeado de estrellas vecinas que influyeron en su química. El lugar de origen de 3I/ATLAS fue exactamente lo contrario: aislamiento total, oscuridad y un frío que preservó intacta la composición química del momento de su formación, como una cápsula del tiempo de 11.000 millones de años. «La cantidad de deuterio respecto al hidrógeno ordinario en el agua es mayor que cualquier cosa que hayamos visto antes», dijo Luis Salazar Manzano, autor principal del estudio.
En abril de 2026, el cometa ya ha cruzado la órbita de Júpiter camino de abandonar el sistema solar para siempre. No volverá.