La comunidad científica se enfrenta a un posible cambio de paradigma en la comprensión del corazón de nuestra galaxia. Una investigación publicada en la revista de la Royal Astronomical Society plantea que Sagitario A*, el objeto masivo situado en el centro de la Vía Láctea, podría no ser el agujero negro supermasivo que se creía, sino una concentración extremadamente densa de materia oscura.
La hipótesis cuestiona medio siglo de consenso científico. Desde que en 1974 se identificara la potente fuente de radio Sagitario A* como un agujero negro —confirmando la predicción realizada tres años antes por los astrofísicos Donald Lynden-Bell y Martin Rees—, esta interpretación ha sido la piedra angular de nuestra comprensión galáctica. Los trabajos posteriores de Stephen Hawking en la década de 1970, que demostraron que los agujeros negros podían emitir radiación, consolidaron aún más este modelo.
Una alternativa basada en partículas exóticas
Los autores del estudio proponen que la estructura central de la galaxia estaría formada por fermiones ligeros, partículas subatómicas que generarían efectos gravitatorios idénticos a los de un agujero negro de cuatro millones de masas solares, pero sin necesidad de un horizonte de sucesos —el punto de no retorno característico de estos objetos cósmicos.
Esta teoría resolvería algunas incógnitas que permanecen sin explicación satisfactoria en el modelo actual, particularmente ciertos fenómenos gravitatorios observados en las proximidades del núcleo galáctico.
«Es la primera vez que un modelo de materia oscura une con éxito escalas tan diferentes», ha declarado el investigador Carlos Argüelles, destacando que esta propuesta permite explicar simultáneamente tanto el movimiento de las estrellas cercanas al centro galáctico —las llamadas estrellas S— como la rotación de las regiones más alejadas de la Vía Láctea.
Respaldo en datos recientes
El modelo encuentra apoyo en las observaciones realizadas por la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea, que han registrado una desaceleración en la velocidad de rotación de las zonas periféricas de la galaxia. Según los científicos, un núcleo de materia oscura fermiónica presentaría características más compactas y concentradas que los halos convencionales, coincidiendo con las mediciones actuales.
Una de las fortalezas de esta hipótesis radica en su capacidad para unificar en un único marco teórico tanto el comportamiento del objeto central como la dinámica del halo galáctico exterior, elementos que hasta ahora se trataban como fenómenos independientes.
Compatible con la imagen captada
Significativamente, el modelo resulta compatible con la histórica imagen de Sagitario A* obtenida en 2022 por el Telescopio del Horizonte de Sucesos. La densidad extrema del hipotético núcleo fermiónico curvaría la luz de manera tan intensa que produciría una sombra central rodeada de luminosidad, exactamente lo que muestra la fotografía.
No obstante, el equipo investigador reconoce que los datos disponibles actualmente no permiten descartar de forma definitiva la presencia de un agujero negro convencional. El análisis estadístico indica que ambas interpretaciones siguen siendo plausibles con la información existente.
La prueba definitiva está por llegar
La confirmación o refutación de esta audaz hipótesis dependerá de futuras observaciones de alta precisión. El interferómetro Gravity, instalado en el Very Large Telescope de Chile, será fundamental para detectar —o no— los llamados anillos de fotones secundarios, estructuras lumínicas características de los agujeros negros.
La ausencia de estos anillos constituiría una evidencia determinante a favor del modelo de materia oscura. Si las próximas observaciones confirman esta ausencia, supondría una revolución en astrofísica que obligaría a replantear décadas de investigación sobre el funcionamiento de los centros galácticos, incluyendo los influyentes trabajos de Hawking.
De confirmarse, el objeto que gobierna gravitatoriamente nuestra galaxia pasaría de ser concebido como un abismo espaciotemporal a entenderse como una aglomeración exótica de partículas fundamentales, transformando radicalmente nuestra visión del cosmos.