SpaceX completó el pasado viernes el duodécimo vuelo de prueba del Starship V3 desde Starbase, en el sur de Texas, en lo que supone el primer vuelo de prueba de la nave en 2026 y el debut de la nueva versión del cohete, el más grande y potente que ha desarrollado hasta ahora la compañía de Elon Musk. El lanzamiento se produjo tras suspender un intento el día anterior por problemas técnicos.
Durante la misión, el Starship alcanzó el espacio, desplegó 20 satélites de prueba de Starlink y dos satélites con nueva tecnología, y regresó a la Tierra amerizando en el océano Índico. Sin embargo, la nave perdió uno de sus seis motores durante el vuelo y no logró reencender otro de sus motores Raptor en el vacío del espacio, uno de los objetivos específicos que SpaceX se había marcado para esta misión, según confirmó el portavoz de la compañía, Dan Huot, durante la retransmisión en directo. Por su parte, el propulsor Super Heavy se separó minutos después del despegue y aterrizó de forma no controlada en el Golfo de México.
El vuelo llega en un momento crítico para el programa. La NASA sigue de cerca el desarrollo del Starship porque necesita la versión Block 3 para transportar astronautas a la superficie lunar en la misión Artemis, que ya ha sido aplazada de finales de 2026 a mediados de 2027, en parte precisamente por los retrasos en el cohete. SpaceX compite en ese contrato con Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, que ofrece su sistema Blue Moon como alternativa. El historial reciente del programa incluye el vuelo de marzo de 2025, que terminó con la explosión del cohete diez minutos después del despegue y provocó interrupciones en el espacio aéreo sobre Florida y el Caribe.
La prueba llega además días después de que SpaceX anunciara sus planes de vender acciones al público por primera vez.