El mayor estudio de ADN antiguo demuestra que la llegada de la agricultura disparó la evolución humana mucho más de lo que se creía

Un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard ha publicado en la revista Nature el mayor análisis de ADN antiguo realizado hasta la fecha, con genomas de casi 16.000 individuos de Europa y Oriente Medio recogidos a lo largo de más de 10.000 años. Las conclusiones desafían un consenso científico que llevaba décadas instalado: la selección natural no se ralentizó cuando los humanos se volvieron sedentarios, sino todo lo contrario. Se aceleró de forma drástica.

Hasta ahora, los estudios de ADN antiguo solo habían podido identificar unos 21 casos de selección direccional, el proceso por el que una variante genética ventajosa para la supervivencia se impone en una población hasta desplazar a las demás. El ejemplo más conocido es la tolerancia a la lactosa en la edad adulta. El nuevo estudio, liderado por el genetista David Reich y con Ali Akbari como primer autor, ha identificado 479 variantes genéticas que experimentaron ese proceso de selección, lo que multiplica por más de veinte los casos conocidos hasta ahora.

Para llegar a ese resultado, el equipo pasó siete años construyendo una base de datos de más de 10.000 genomas de poblaciones antiguas de Eurasia occidental y desarrolló métodos computacionales capaces de detectar cambios sutiles en la frecuencia de variantes genéticas a lo largo del tiempo. El análisis muestra que la selección se intensificó precisamente cuando los humanos dejaron la caza y la recolección para adoptar la agricultura, hace unos 10.000 años, y que muchas de las variantes afectadas están relacionadas con rasgos tan diversos como la pigmentación de la piel, la inmunidad, el comportamiento o el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes tipo 2, el trastorno bipolar o la esquizofrenia.

Los autores advierten que estos hallazgos no deben interpretarse como una evolución lineal de las capacidades cognitivas ni como una mejora intrínseca de ningún rasgo. Los cambios en la frecuencia de variantes genéticas responden a presiones ambientales, sociales y culturales muy concretas de cada época. Lo que el estudio demuestra es que esas presiones fueron mucho más intensas y recientes de lo que la ciencia suponía.