Dos espeleólogos encuentran en Texas la fauna que reescribe cómo era Norteamérica antes de la última glaciación

La historia empieza con un espeleólogo, John Young, que entra a explorar una cueva poco conocida del condado de Comal, en Texas, y sale con la sensación de que algo no encaja. En el fondo del arroyo que corre por su interior hay demasiados huesos, de demasiadas especies distintas, y ninguna de ellas debería estar ahí según todo lo que la ciencia creía saber sobre esa región hace 100.000 años.

Young contactó con paleontólogos de la Universidad de Texas en Austin, y durante seis expediciones realizadas entre 2023 y 2024, el equipo recorrió las galerías inundadas de la llamada Bender’s Cave con gafas y tubo, recogiendo restos directamente del fondo sin necesidad de excavar. Los fósiles estaban por todas partes: pulidos por el agua, teñidos de rojo óxido por los minerales y mezclados sin orden estratigráfico, arrastrados por siglos de inundaciones desde la superficie a través de sumideros naturales.

Lo que encontraron contradice décadas de consenso científico. El relato habitual sobre el Texas de la última glaciación dibujaba praderas frías, secas y abiertas, un paisaje casi estepario. Pero el catálogo de animales que la cueva ha devuelto apunta a algo radicalmente distinto: mamuts, bisontes, camellos y caballos conviven en los restos con tortugas gigantes del género Hesperotestudo, perezosos terrestres de gran tamaño y un pampatérido, un animal acorazado emparentado con el armadillo actual pero con el tamaño de un gran felino. Todas estas últimas especies necesitan climas cálidos, húmedos y boscosos para sobrevivir.

La explicación más probable es que los huesos correspondan a un periodo interglaciar, hace unos 125.000 años, cuando el clima era más benigno y la Meseta de Edwards actuaba como corredor y refugio biológico. Datar con precisión los restos es complicado porque el agua y los minerales alteraron el material óseo, pero la morfología de los fósiles apunta en esa dirección. La cueva, que durante años pasó desapercibida por su difícil acceso, resulta ser un archivo natural que ha guardado durante miles de años la prueba de que el pasado de Texas era mucho más verde y vivo de lo que imaginábamos.