La radiación ultravioleta de Marte podría no ser letal para ciertas formas de vida

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha liderado un estudio que revela que la radiación ultravioleta (UV) en la superficie de Marte podría ser compatible con algunas formas de vida, al menos con aquellas que sobrevivieron en la Tierra primitiva.

Hasta ahora, los niveles de radiación UV en Marte solo se conocían mediante modelos teóricos. Sin embargo, este nuevo trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), presenta por primera vez mediciones reales obtenidas desde el cráter Gale, cerca del ecuador marciano, gracias al instrumento REMS instalado en el rover ‘Curiosity’ de la NASA. Durante más de una década terrestre (cinco años marcianos), los científicos analizaron las dosis de radiación en las bandas UV-A, UV-B y UV-C.

A diferencia de la Tierra, donde la capa de ozono bloquea las radiaciones UV más dañinas, Marte tiene una atmósfera muy tenue —100 veces menos densa que la terrestre—, lo que permite que la radiación UV llegue casi íntegra a la superficie. Según los investigadores, el reparto medio de la radiación registrada es de un 80% de UV-A, 15% de UV-B y un 5% de UV-C.

“La débil protección atmosférica marciana se debe al bajo contenido de ozono y al polvo en suspensión, sobre todo durante la temporada de tormentas”, explican Daniel Viúdez-Moreiras, María Paz Zorzano y Alberto González Fairén, del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), responsables del estudio.

Los datos también revelan fluctuaciones importantes en la radiación: las dosis pueden variar más de un 30% en cuestión de pocos soles (días marcianos). Estas variaciones, aseguran los autores, no se pueden predecir con precisión mediante los modelos actuales, lo que subraya la importancia de contar con instrumentos de medición directa en la superficie del planeta.

Aunque los niveles actuales en Marte son significativamente más altos que en la Tierra actual, son similares a los que se cree que existieron en nuestro planeta hace entre 4.000 y 2.500 millones de años, justo cuando surgió y evolucionó la vida. Esto sugiere que la radiación UV marciana no es necesariamente un obstáculo insalvable para formas de vida resistentes, ni elimina por completo el riesgo de contaminación biológica con microorganismos terrestres.

Por ello, el estudio recalca la necesidad de mantener estrictos protocolos de protección planetaria, especialmente en las futuras misiones tripuladas, para evitar una posible contaminación del entorno marciano con vida terrestre.

Este trabajo ha contado con el apoyo del equipo de la misión Mars Science Laboratory (MSL) de la NASA y ha sido financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y el proyecto europeo MarsFirstWater.